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¿Cómo moldea la empatía hacia la naturaleza el comportamiento de los turistas responsables?

Nueva investigación internacional sobre el comportamiento responsable de los turistas de naturaleza

Hoy en día está claro: el turismo sostenible no se trata solo de infraestructura, políticas o normativas medioambientales. Igualmente importante es cómo los visitantes perciben e interpretan el entorno natural y cultural en el que se encuentran. Un reciente estudio internacional analizó esto en detalle y descubrió que la empatía emocional hacia la naturaleza juega un papel clave en que los turistas actúen de manera responsable desde una perspectiva de conservación y sostenibilidad.

¿Qué investigó el estudio?

El estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology el 5 de enero de 2026 exploró, en el contexto del turismo de patrimonio natural, cómo las impresiones de los turistas sobre la naturaleza y el entorno cultural influyen en su nivel de conexión emocional con la naturaleza, y cómo esto afecta su disposición a comportarse de manera responsable.

¿Qué investigó el estudio?

Principales resultados

Uno de los mensajes más interesantes del estudio es que el comportamiento responsable de los turistas no siempre comienza con “sé lo que debo hacer”, sino con lo que siento hacia el lugar que visito.

Primero: importa cómo percibimos el paisaje y los valores locales.
Los visitantes que perciben el entorno natural como hermoso, valioso y “digno de ser preservado”, y que además están abiertos a los elementos culturales del lugar (como historias locales, tradiciones y patrimonio), desarrollan más fácilmente un tipo de conexión interna. Esta conexión no necesariamente se expresa en grandes palabras, sino en una sensación sutil de que “es agradable estar aquí y quiero cuidarlo”.

Segundo: esta conexión emocional se traduce en decisiones concretas.
Según el estudio, la empatía hacia la naturaleza (esa motivación interna de no dañar, sino proteger) está estrechamente relacionada con el comportamiento responsable de los turistas. Esto puede manifestarse en cosas cotidianas: dejar menos basura, respetar las normas, proteger la vida silvestre y elegir servicios de manera más consciente. El estudio destaca que esta responsabilidad puede reflejarse tanto en decisiones “no financieras” (comportamiento, cumplimiento de normas) como en decisiones “financieras” (por ejemplo, preferir productos y servicios locales y sostenibles).

Tercero: la experiencia de “desconexión” y “asombro” en la naturaleza puede amplificar este efecto.
Cuando un viaje realmente nos saca de la rutina diaria y ofrece algo como una “experiencia wow” –un mirador, un bosque tranquilo, un fenómeno natural especial–, según el estudio, no solo hace que el viaje sea más memorable, sino que también aumenta la probabilidad de un comportamiento responsable. En otras palabras, la inmersión y el asombro en el buen sentido suelen ir de la mano con una presencia más cuidadosa y respetuosa en el lugar.

Principales resultados

¿Por qué es importante para la sostenibilidad del turismo?

El estudio señala que el comportamiento responsable de los visitantes no depende únicamente de la voluntad, sino que se desarrolla a través de procesos psicológicos:

  • aquellos que se “conectan” más con la naturaleza,

  • que perciben su valor y vulnerabilidad,

  • y para quienes la experiencia de la naturaleza es más que un simple espectáculo,

– son mucho más propensos a tomar decisiones que apoyen destinos sostenibles a largo plazo. 

¿Por qué es importante para la sostenibilidad del turismo?

¿Qué significa esto en la práctica?

Si tuviéramos que resumir el mensaje del estudio en una frase: el comportamiento responsable no solo se puede “imponer” con reglas, sino que se puede “inspirar” con experiencias e historias. Es decir, si el visitante realmente se conecta con el lugar, es más probable que lo cuide.

Como viajeros, rara vez comenzamos una excursión o unas vacaciones pensando “quiero comportarme de manera sostenible”. Más bien buscamos sentirnos bien, desconectar, recargar energías y regresar con recuerdos duraderos. Sin embargo, según el estudio, son precisamente estas experiencias las que, de manera sutil, moldean cómo tratamos el lugar que visitamos.

Veámoslo desde un enfoque práctico: 

¿Qué significa esto en la práctica?

1. Cuando un lugar es “más que un paisaje”

Si un paisaje, un bosque, una colina de viñedos o una calle de pueblo no solo es hermoso, sino que también se vuelve comprensible, es más fácil cuidarlo. Cuando aprendemos por qué un hábitat es especial, qué lo hace vulnerable o qué historias están vinculadas a él, el lugar de repente se siente más personal. Ya no estamos “en algún lugar”, sino que somos parte de algo, y eso lleva naturalmente a un comportamiento más considerado.

1. Cuando un lugar es “más que un paisaje”

2. El asombro no solo es una experiencia, también es una responsabilidad

Pensemos en un mirador tranquilo, una puesta de sol, un sendero en el bosque o un momento inesperado en la naturaleza. Estas son las experiencias en las que nos detenemos un momento y sentimos: “es agradable estar aquí”. Según el estudio, después de estos momentos, los visitantes suelen:

  • cuidar lo que ven,

  • respetar las normas,

  • sentir menos como una carga las restricciones.

No porque sea obligatorio, sino porque no quieren arruinar lo que consideran valioso.

2. El asombro no solo es una experiencia, también es una responsabilidad

3. Las decisiones responsables suelen ser pequeñas, pero importantes

Como visitantes, el comportamiento responsable rara vez implica grandes gestos. Más bien es una serie de pequeñas decisiones:

  • mantenerse en el sendero,

  • no dejar basura,

  • respetar la vida silvestre,

  • elegir proveedores locales,

  • aceptar adaptarse cuando sea necesario.

Uno de los mensajes clave del estudio es que estas decisiones son más frecuentes cuando nos conectamos emocionalmente con el lugar, y no solo cuando “nos dicen lo que no debemos hacer”.

3. Las decisiones responsables suelen ser pequeñas, pero importantes

4. Cuando las normas se vuelven comprensibles

Como visitantes, es mucho más fácil aceptar una restricción si entendemos por qué existe. Si comprendemos que un cierre de camino protege la vida silvestre, o que una solicitud de silencio no es “rigidez”, sino parte de un equilibrio frágil, entonces la norma deja de ser una imposición externa y se convierte en un interés compartido.

4. Cuando las normas se vuelven comprensibles

En última instancia: como visitantes, también moldeamos el futuro del lugar

Uno de los descubrimientos más importantes del estudio es que el visitante no es un actor pasivo. Cada visita –incluso una excursión breve– deja una huella. La buena noticia es que también se puede dejar una huella positiva, sin renunciar a las experiencias.

Si un lugar nos ayuda a entender sus valores, nos da espacio para maravillarnos y nos habla de manera humana, como visitantes se vuelve mucho más natural cuidarlo. No porque estemos “practicando turismo sostenible”, sino porque es gratificante formar parte de algo valioso.

En última instancia: como visitantes, también moldeamos el futuro del lugar

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